La frase latina simula similbus curentur (que lo semejante cure lo semejante) fue acuñada por Hahnemann y describe su descubrimiento más profundo. Este principio, plasmado en la Ley de Similitud, afirma que cualquier sustancia capaz de provocar síntomas en una persona sana puede ayudar a curar a alguien que esté experimentando una sintomatología similar.

EL ORIGEN DE LA LEY

Hahnemann conoció la ley al estudiar la obra del médico griego Hipócrates. Nacido aproximadamente en 460 a. de C. en la isla griega de Kos, Hipócrates — conocido como el padre de la medicina— centraba su trabajo en la observación exhaustiva y el estudio del cuerpo humano. En su opinión, el organismo debía ser tratado como un todo, y recomendaba seguir una dieta y un estilo de vida saludables.
A través de sus estudios y de la práctica de la medicina, Hipócrates notó que algunos individuos conseguían sobrellevar mejor la enfer-medad que otros. Entonces escribió su famosa frase: «La enfermedad es producida por los semejantes y, por los semejantes que se le suministra, el paciente evoluciona de la enfermedad a la salud».

LOS SEGUIDORES DE HIPÓCRATES

El concepto fue desarrollado por el médico Paracelso (1493-1541), quien afirmó: «La misma anatomía de las hierbas y la misma anatomía de la enfermedad se unen en un orden.
Este símil permite comprender el modo en que el individuo se curará». Doscientos años más tarde, un médico alemán, Georg Ernst Stahl (1660-1743), también aplicó esta ley en el tratamiento de la enfermedad. Escribió: «Estoy convencido de que
las enfermedades remiten frente a aquellas sustancias que causan una dolencia similar.
Así, conseguí tratar la predisposición al ardor de estómago con dosis muy reducidas de ácido sulfúrico, después de haber empleado en vano una gran variedad de polvos absorbentes». Incluso en la actualidad encontramos este principio en la medicina convencional: el Ritalin, por ejemplo, suele ser recetado para tratar a los niños hiperactivos, cuando en realidad se trata de un estimulante.
A pesar de ello, aún no comprendemos el mecanismo por el que esta ley se rige. La ciencia posiblemente descubra la respuesta; mientras tanto, millones de personas en todo el mundo dan fe de la eficacia de la homeopatía.

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