Cuando Samuel Hahnemann trataba las enfermedades crónicas descubrió que ciertas personas parecían predispuestas a sufrir determinadas debilidades, y que eran incapaces de mantener una buena salud por muy buenas que fuesen las condiciones de su vida externa o las medicinas que tomaran. Algunos individuos eran propensos a los problemas de pecho; sufrían resfriados, trastornos pulmonares, bronquitis y neumonía. Otros tendían a padecer constantes problemas catarrales, y otro grupo desarrollaba irritaciones cutáneas como, por ejemplo, verrugas y lunares.
Después de doce años de estudio, Hahnemann llegó a la conclusión de que, en general, las enfermedades infecciosas que una persona había sufrido en el pasado le impedían gozar de buena salud, en especial si habían sido tratadas con fuertes fármacos que habían acabado por eliminarlas en el organismo. Notó que estas personas compartían unos patrones de tendencia a
la enfermedad, a los que denominó «miasmas». Los patrones que Hahnemann identificó se relacionaban con la presencia previa de sarna, sífilis o gonorrea en el paciente, gracias a lo cual definió tres miasmas. Además consiguió identificar los mismos patrones de enfermedad o miasmas en niños que no habían sufrido enfermedades infecciosas, pero sí sus padres. LAS

ENFERMEDADES HEREDITARIAS

Hahnemann definió los patrones genéticos de enfermedad a través de la historia familiar del paciente, llegando hasta el momento en que la enfermedad se había manifestado en él por primera vez, y teniendo en cuenta, también, la forma en que ésta había sido suprimida. Estos tres miasmas —psórico, sicótico y sifilítico— formaban patrones que Hahnemann consiguió identificar claramente, y tratar. En años posteriores otros homeópatas identificaron otros miasmas.

EL VÍNCULO GENÉTICO CON LA ENFERMEDAD

Otros homeópatas descubrieron que los estados crónicos de interrupción de la salud reflejaban una predisposición genética y que podían ser tratados siguiendo los principios de «lo semejante cura lo semejante». Hahnemann y sus seguidores consiguieron un rotundo éxito y fueron capaces de erradicar muchos de los síntomas crónicos de sufrimiento que observaban, siguiendo los principios básicos de la homeopatía.
Esta interpretación de los principios de la predisposición genética ha convertido la práctica homeopática en una disciplina única. De hecho, la posibilidad de tratar muchos de los problemas que han sido heredados de una generación a otra es uno de sus mayores éxitos.
La homeopatía ofrece al individuo la oportunidad de eliminar los patrones físicos y emocionales de la enfermedad a través del tratamiento, y en consecuencia le proporciona la libertad de vivir sanamente de un modo natural.

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